La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas más frecuentes y, a la vez, una de las más malinterpretadas. En consulta veo dos patrones que se repiten: personas que han convivido con crisis durante meses o años sin un diagnóstico claro, y familias que viven con miedo porque nadie les explicó bien qué está pasando, qué hacer y qué opciones reales existen.
Este artículo está pensado como una guía completa, actual y práctica sobre epilepsia: cómo reconocer señales de alerta, cómo se diagnostica correctamente hoy, qué tratamientos suelen funcionar, qué significa “epilepsia refractaria” y cuándo tiene sentido valorar alternativas avanzadas. Mi objetivo es ayudarte a tomar decisiones con información rigurosa y clara.

La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica caracterizada por la aparición de crisis epilépticas recurrentes. Estas crisis se producen por una actividad eléctrica anormal, excesiva y sincronizada en un grupo de neuronas del cerebro.
Es importante dejar claras tres ideas desde el principio:
Con un diagnóstico adecuado y un plan terapéutico individualizado, muchas personas pueden controlar las crisis y llevar una vida plenamente funcional. Para ampliar en profundidad tipos, causas y síntomas, puedes leer este artículo específico: Epilepsia: tipos, causas y síntomas.

Una crisis epiléptica es un evento. La epilepsia es un diagnóstico. Puedes tener una crisis aislada por fiebre, alteraciones metabólicas, consumo/retirada de sustancias, falta extrema de sueño u otras causas, y no necesariamente tener epilepsia.
Hablamos de epilepsia cuando existe una predisposición del cerebro a generar crisis recurrentes. Por eso el diagnóstico siempre debe ser cuidadoso: etiquetar a alguien como “epiléptico” sin una evaluación completa puede tener consecuencias (sociales, laborales, emocionales y clínicas).

Cuando pensamos en epilepsia, muchas personas imaginan una convulsión generalizada con sacudidas. Esa es una posibilidad, pero no es la única. Existen crisis muy sutiles que se confunden con estrés, “despistes”, ansiedad o problemas del sueño.
Algunas señales que merecen una valoración neurológica, especialmente si se repiten:
Estas manifestaciones pueden corresponder a diferentes tipos de crisis. Lo esencial es no normalizar lo repetitivo. Si algo ocurre varias veces, merece estudio.

Detectar la epilepsia a tiempo no es un detalle: puede marcar la diferencia entre una vida con crisis frecuentes y limitaciones, o una vida estable con control adecuado.
¿Por qué importa tanto la detección temprana?
Si te interesa el vínculo entre epilepsia, cerebro y funciones cognitivas, te recomiendo este contenido complementario sobre hábitos y apoyo a la memoria: Alimentos para tu memoria.

El diagnóstico no debe basarse en una sola prueba. Se construye con una evaluación clínica bien hecha y estudios que aporten evidencia. En términos prácticos, los pilares del diagnóstico suelen incluir:
La descripción del episodio —cómo inicia, cuánto dura, qué pasa durante y después— es crucial. Siempre que se pueda, ayuda mucho que un familiar o testigo describa lo que vio, y si existe un vídeo del episodio (grabado de forma segura), puede ser extremadamente útil.
El EEG registra la actividad eléctrica cerebral. Puede mostrar patrones compatibles con epilepsia, pero conviene saber algo importante: un EEG normal no descarta epilepsia. Algunas personas tienen crisis y un EEG intercrítico (entre crisis) normal, especialmente si el registro fue corto o no coincidió con el momento adecuado.
En función del caso, puede indicarse:
Una RM bien realizada, con protocolos orientados a epilepsia cuando es necesario, puede identificar lesiones estructurales que expliquen las crisis (por ejemplo, ciertas cicatrices, malformaciones, tumores, etc.). No todas las epilepsias tienen una lesión visible, pero cuando existe, cambia el enfoque terapéutico.
En determinados escenarios se revisan causas metabólicas, tóxicas o infecciosas, según contexto clínico y edad.

A grandes rasgos, las crisis se agrupan en dos categorías principales:
Se originan en una zona concreta del cerebro. Pueden manifestarse con:
Implican redes cerebrales más amplias desde el inicio. Pueden ser convulsivas (tónico-clónicas) o no convulsivas (ausencias, mioclonías, etc.).
Si quieres una explicación mucho más completa por tipos y causas, aquí tienes el artículo específico: Epilepsia: tipos, causas y síntomas.

El tratamiento de la epilepsia tiene un objetivo principal: controlar las crisis con el mínimo de efectos secundarios, preservando la calidad de vida. Esto parece obvio, pero en la práctica es un equilibrio fino: la medicación puede controlar crisis, pero si provoca somnolencia extrema, irritabilidad o empeora la atención, el “control” no es completo.
El plan se decide en función de:
Los fármacos suelen ser la primera línea. La mayoría de personas logra buen control con uno o dos medicamentos bien elegidos y bien ajustados. El seguimiento es esencial para ajustar dosis, valorar tolerancia y, cuando corresponde, simplificar tratamientos.
En epilepsia, el entorno y la fisiología diaria importan: sueño, estrés, alcohol, estimulantes, adherencia al tratamiento, regularidad en horarios. No es culpabilizar; es entender que el cerebro epiléptico es sensible a determinados disparadores.

La epilepsia se considera farmacorresistente cuando, pese a haber utilizado adecuadamente (en dosis y tiempo) dos tratamientos antiepilépticos bien elegidos, las crisis siguen sin control. Este concepto es importante porque cambia la estrategia: no es “probar infinitas combinaciones”, sino valorar una evaluación más avanzada.
¿Por qué? Porque en muchos casos, cuando hay resistencia a medicamentos, existe una probabilidad menor de lograr control total solo con ajustes farmacológicos. Aquí es cuando cobra sentido estudiar otras alternativas con equipos especializados.

En el control de epilepsia, la medicina ha avanzado de forma significativa. Además de tratamientos farmacológicos, existen opciones avanzadas que, en casos seleccionados, pueden mejorar de forma relevante la calidad de vida.
La cirugía no es “el último recurso desesperado”, sino una alternativa válida y bien establecida para casos específicos, especialmente en epilepsia farmacorresistente con foco identificable. La clave está en la selección adecuada del paciente y en una evaluación prequirúrgica rigurosa.
Si quieres conocer este enfoque con detalle, te dejo el enlace directo: Cirugía de epilepsia avanzada en México.
En algunos pacientes, tecnologías avanzadas pueden ayudar a reducir crisis o mejorar control. Este campo evoluciona rápido y es una parte clave de la epilepsia moderna.
Para ampliar, aquí tienes un artículo actualizado: Nuevos avances en tecnología para el control de la epilepsia.

Una parte que se habla poco —y que importa muchísimo— es cómo la epilepsia puede afectar la vida diaria más allá de las crisis. Dependiendo del tipo de epilepsia, la frecuencia de crisis, el sueño y los tratamientos, algunas personas experimentan:
Esto no significa que la persona “no pueda” tener una vida normal: significa que el plan debe ser integral, con medidas clínicas y hábitos que protejan la estabilidad cerebral. Si te interesa el apoyo desde hábitos y alimentación orientados a la función cognitiva, aquí tienes un recurso complementario: Alimentos para tu memoria.

En muchas familias, la mayor angustia es: “¿Qué hago si le vuelve a pasar?”. Tener un protocolo básico reduce riesgo y evita errores comunes.


Para quienes desean profundizar con fuentes internacionales de alta calidad, aquí dejo referencias útiles:

La epilepsia no es solo “tener crisis”. Es una condición neurológica que requiere un diagnóstico correcto, un plan individualizado y un seguimiento serio. Detectarla a tiempo puede cambiar el pronóstico, reducir riesgos y devolver estabilidad al día a día.
Si tú o un familiar presenta episodios compatibles con crisis, o si existe un diagnóstico de epilepsia con control insuficiente, una valoración especializada puede marcar la diferencia.
Lecturas recomendadas en NeurofuncionalMX:
Dr. Gustavo Aguado Carrillo
Neurocirujano Funcional
La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas más frecuentes y, a la vez, una de las más malinterpretadas. En consulta veo dos patrones que se repiten: personas que han convivido con crisis durante meses o años sin un diagnóstico claro, y familias que viven con miedo porque nadie les explicó bien qué está pasando, qué hacer y qué opciones reales existen.
Este artículo está pensado como una guía completa, actual y práctica sobre epilepsia: cómo reconocer señales de alerta, cómo se diagnostica correctamente hoy, qué tratamientos suelen funcionar, qué significa “epilepsia refractaria” y cuándo tiene sentido valorar alternativas avanzadas. Mi objetivo es ayudarte a tomar decisiones con información rigurosa y clara.

La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica caracterizada por la aparición de crisis epilépticas recurrentes. Estas crisis se producen por una actividad eléctrica anormal, excesiva y sincronizada en un grupo de neuronas del cerebro.
Es importante dejar claras tres ideas desde el principio:
Con un diagnóstico adecuado y un plan terapéutico individualizado, muchas personas pueden controlar las crisis y llevar una vida plenamente funcional. Para ampliar en profundidad tipos, causas y síntomas, puedes leer este artículo específico: Epilepsia: tipos, causas y síntomas.

Una crisis epiléptica es un evento. La epilepsia es un diagnóstico. Puedes tener una crisis aislada por fiebre, alteraciones metabólicas, consumo/retirada de sustancias, falta extrema de sueño u otras causas, y no necesariamente tener epilepsia.
Hablamos de epilepsia cuando existe una predisposición del cerebro a generar crisis recurrentes. Por eso el diagnóstico siempre debe ser cuidadoso: etiquetar a alguien como “epiléptico” sin una evaluación completa puede tener consecuencias (sociales, laborales, emocionales y clínicas).

Cuando pensamos en epilepsia, muchas personas imaginan una convulsión generalizada con sacudidas. Esa es una posibilidad, pero no es la única. Existen crisis muy sutiles que se confunden con estrés, “despistes”, ansiedad o problemas del sueño.
Algunas señales que merecen una valoración neurológica, especialmente si se repiten:
Estas manifestaciones pueden corresponder a diferentes tipos de crisis. Lo esencial es no normalizar lo repetitivo. Si algo ocurre varias veces, merece estudio.

Detectar la epilepsia a tiempo no es un detalle: puede marcar la diferencia entre una vida con crisis frecuentes y limitaciones, o una vida estable con control adecuado.
¿Por qué importa tanto la detección temprana?
Si te interesa el vínculo entre epilepsia, cerebro y funciones cognitivas, te recomiendo este contenido complementario sobre hábitos y apoyo a la memoria: Alimentos para tu memoria.

El diagnóstico no debe basarse en una sola prueba. Se construye con una evaluación clínica bien hecha y estudios que aporten evidencia. En términos prácticos, los pilares del diagnóstico suelen incluir:
La descripción del episodio —cómo inicia, cuánto dura, qué pasa durante y después— es crucial. Siempre que se pueda, ayuda mucho que un familiar o testigo describa lo que vio, y si existe un vídeo del episodio (grabado de forma segura), puede ser extremadamente útil.
El EEG registra la actividad eléctrica cerebral. Puede mostrar patrones compatibles con epilepsia, pero conviene saber algo importante: un EEG normal no descarta epilepsia. Algunas personas tienen crisis y un EEG intercrítico (entre crisis) normal, especialmente si el registro fue corto o no coincidió con el momento adecuado.
En función del caso, puede indicarse:
Una RM bien realizada, con protocolos orientados a epilepsia cuando es necesario, puede identificar lesiones estructurales que expliquen las crisis (por ejemplo, ciertas cicatrices, malformaciones, tumores, etc.). No todas las epilepsias tienen una lesión visible, pero cuando existe, cambia el enfoque terapéutico.
En determinados escenarios se revisan causas metabólicas, tóxicas o infecciosas, según contexto clínico y edad.

A grandes rasgos, las crisis se agrupan en dos categorías principales:
Se originan en una zona concreta del cerebro. Pueden manifestarse con:
Implican redes cerebrales más amplias desde el inicio. Pueden ser convulsivas (tónico-clónicas) o no convulsivas (ausencias, mioclonías, etc.).
Si quieres una explicación mucho más completa por tipos y causas, aquí tienes el artículo específico: Epilepsia: tipos, causas y síntomas.

El tratamiento de la epilepsia tiene un objetivo principal: controlar las crisis con el mínimo de efectos secundarios, preservando la calidad de vida. Esto parece obvio, pero en la práctica es un equilibrio fino: la medicación puede controlar crisis, pero si provoca somnolencia extrema, irritabilidad o empeora la atención, el “control” no es completo.
El plan se decide en función de:
Los fármacos suelen ser la primera línea. La mayoría de personas logra buen control con uno o dos medicamentos bien elegidos y bien ajustados. El seguimiento es esencial para ajustar dosis, valorar tolerancia y, cuando corresponde, simplificar tratamientos.
En epilepsia, el entorno y la fisiología diaria importan: sueño, estrés, alcohol, estimulantes, adherencia al tratamiento, regularidad en horarios. No es culpabilizar; es entender que el cerebro epiléptico es sensible a determinados disparadores.

La epilepsia se considera farmacorresistente cuando, pese a haber utilizado adecuadamente (en dosis y tiempo) dos tratamientos antiepilépticos bien elegidos, las crisis siguen sin control. Este concepto es importante porque cambia la estrategia: no es “probar infinitas combinaciones”, sino valorar una evaluación más avanzada.
¿Por qué? Porque en muchos casos, cuando hay resistencia a medicamentos, existe una probabilidad menor de lograr control total solo con ajustes farmacológicos. Aquí es cuando cobra sentido estudiar otras alternativas con equipos especializados.

En el control de epilepsia, la medicina ha avanzado de forma significativa. Además de tratamientos farmacológicos, existen opciones avanzadas que, en casos seleccionados, pueden mejorar de forma relevante la calidad de vida.
La cirugía no es “el último recurso desesperado”, sino una alternativa válida y bien establecida para casos específicos, especialmente en epilepsia farmacorresistente con foco identificable. La clave está en la selección adecuada del paciente y en una evaluación prequirúrgica rigurosa.
Si quieres conocer este enfoque con detalle, te dejo el enlace directo: Cirugía de epilepsia avanzada en México.
En algunos pacientes, tecnologías avanzadas pueden ayudar a reducir crisis o mejorar control. Este campo evoluciona rápido y es una parte clave de la epilepsia moderna.
Para ampliar, aquí tienes un artículo actualizado: Nuevos avances en tecnología para el control de la epilepsia.

Una parte que se habla poco —y que importa muchísimo— es cómo la epilepsia puede afectar la vida diaria más allá de las crisis. Dependiendo del tipo de epilepsia, la frecuencia de crisis, el sueño y los tratamientos, algunas personas experimentan:
Esto no significa que la persona “no pueda” tener una vida normal: significa que el plan debe ser integral, con medidas clínicas y hábitos que protejan la estabilidad cerebral. Si te interesa el apoyo desde hábitos y alimentación orientados a la función cognitiva, aquí tienes un recurso complementario: Alimentos para tu memoria.

En muchas familias, la mayor angustia es: “¿Qué hago si le vuelve a pasar?”. Tener un protocolo básico reduce riesgo y evita errores comunes.

Depende de la causa. En algunos casos, especialmente cuando existe una causa tratable o una solución quirúrgica bien indicada, puede lograrse ausencia sostenida de crisis. En otros, el objetivo es un control estable con tratamiento y seguimiento. Lo importante es entender que “no curable” no significa “sin control”.
Algunas epilepsias tienen componentes genéticos, pero muchas no son hereditarias en un sentido directo. La evaluación clínica define el riesgo y el tipo de epilepsia. Si hay antecedentes familiares, conviene comentarlo, pero no asumir conclusiones sin estudio.
No. Un EEG puede ser normal entre crisis. Por eso, si la sospecha clínica es alta, se consideran otras modalidades (privación de sueño, video-EEG, registros más prolongados), siempre según criterio médico.
Puede afectarla, especialmente si hay crisis frecuentes, sueño de mala calidad, ciertos tratamientos o focos en regiones relacionadas con la memoria. También influye el estrés y el miedo anticipatorio. La buena noticia es que al mejorar el control y optimizar hábitos, muchas personas mejoran su rendimiento cognitivo.
El riesgo principal es la repetición de crisis, con posibles lesiones por caídas, accidentes, impacto en la vida diaria y, en casos concretos, complicaciones más serias. Por eso, ante episodios repetidos, lo recomendable es evaluación neurológica.
En muchos casos sí, con recomendaciones individualizadas. Se evalúa el tipo de crisis, el control, los riesgos del deporte (agua, altura, conducción) y se toman medidas de seguridad. La actividad física, bien pautada, puede ser positiva.
Cuando existen episodios repetidos compatibles con crisis, cuando hay dudas diagnósticas, cuando el control con medicación no es adecuado o cuando hay efectos secundarios que empeoran calidad de vida. Si hay sospecha de farmacorresistencia, conviene valorar opciones avanzadas con un equipo especializado.
Cuando hay epilepsia farmacorresistente y, tras una evaluación completa, se identifica un foco o una estrategia quirúrgica razonable. Puedes ampliar este punto aquí: Cirugía de epilepsia avanzada.
Para quienes desean profundizar con fuentes internacionales de alta calidad, aquí dejo referencias útiles:
La epilepsia no es solo “tener crisis”. Es una condición neurológica que requiere un diagnóstico correcto, un plan individualizado y un seguimiento serio. Detectarla a tiempo puede cambiar el pronóstico, reducir riesgos y devolver estabilidad al día a día.
Si tú o un familiar presenta episodios compatibles con crisis, o si existe un diagnóstico de epilepsia con control insuficiente, una valoración especializada puede marcar la diferencia.
Lecturas recomendadas en NeurofuncionalMX:
Dr. Gustavo Aguado Carrillo
Neurocirujano Funcional
Hola, soy el Dr. Gustavo Aguado Carrillo.
La neurocirugía funcional no se trata solo de operar el cerebro; se trata de restaurar la calidad de vida. Es una disciplina que avanza a una velocidad vertiginosa, donde la tecnología y la comprensión de los circuitos neuronales nos permiten ofrecer soluciones a padecimientos que antes considerábamos intratables. Para mantenerme a la vanguardia y ofrecer lo mejor en CDMX, es vital participar en los foros más importantes del mundo. Hoy quiero compartirles mi próxima participación como disertante en el evento global más relevante de nuestra especialidad.

Del 20 al 22 de noviembre de 2025, la atención de la comunidad neuroquirúrgica global estará puesta en Buenos Aires, sede del congreso intermedio de la World Society for Stereotactic and Functional Neurosurgery (WSSFN), que se celebrará en la UCA (Universidad Católica Argentina).
Este evento es, sin exagerar, el “mundial” de nuestra especialidad. Aquí es donde se presentan los avances más disruptivos en Estimulación Cerebral Profunda (DBS), tratamiento del dolor crónico, epilepsia y trastornos psiquiátricos. Estar presente en este congreso no es solo un acto académico, es una responsabilidad para asegurar que las técnicas que aplicamos en México estén al mismo nivel que en los mejores centros de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica.
He tenido el honor de ser invitado como disertante en este prestigioso foro. Participar activamente como ponente ante colegas de todo el mundo es una oportunidad invaluable para contrastar nuestros resultados y refinar nuestras técnicas.
Durante mi intervención, abordaremos los desafíos actuales en la modulación de circuitos neuronales. La discusión científica en la WSSFN permite validar nuestros protocolos quirúrgicos y abrir nuevas vías de investigación clínica que, en última instancia, buscan una sola cosa: mayor precisión y seguridad para el paciente.

La neurocirugía moderna se construye sobre redes de colaboración. En este contexto, y aprovechando la sede en Argentina, quiero destacar la importancia de instituciones como la Fundación CENIT, un referente latinoamericano en investigación y docencia en neurociencias.
La vinculación con organizaciones de este calibre y la participación en foros internacionales fortalece nuestra práctica clínica. La Fundación CENIT ha sido un pilar en la difusión de conocimiento sobre neuromodulación, y mantener estos lazos nos permite traer a México una visión integral y actualizada, compartiendo la filosofía de excelencia académica y trato humano.
Quizás te preguntes: “Doctor, ¿de qué me sirve a mí que usted vaya a un congreso en Buenos Aires?”. La respuesta es directa:
Es la rama de la neurocirugía dedicada a restaurar la función del sistema nervioso. Utilizamos técnicas de alta precisión (estereotaxia) para tratar trastornos como el Parkinson, temblores, epilepsia y dolor crónico, modulando la actividad cerebral.
Se abordan desde la inteligencia artificial aplicada a la cirugía, hasta nuevos blancos terapéuticos para enfermedades psiquiátricas y avances en la tecnología de los electrodos para estimulación cerebral.
La Fundación CENIT es un aliado académico clave en Latinoamérica. Compartimos la visión de educación continua y desarrollo de investigación para mejorar el tratamiento de enfermedades neurológicas complejas.
Sí. Toda la tecnología y conocimientos que discutimos en foros como la WSSFN los aplicamos en nuestra práctica diaria en la Ciudad de México, ofreciendo tratamientos de estándar internacional.
Seguimos avanzando para ofrecerte lo mejor de la ciencia médica mundial, aquí en casa.
Un cordial saludo,
Dr. Gustavo Aguado Carrillo
Neurocirujano Neurofuncional
La neurocirugía, una disciplina en constante evolución, se encuentra al borde de una transformación radical impulsada por avances tecnológicos exponenciales. En 2025, prevemos un panorama donde la precisión, la personalización y la minimización de la invasión serán los pilares fundamentales de la práctica neuroquirúrgica. Este artículo explorará las tendencias clave que definirán la neurocirugía avanzada en 2025, analizando el impacto de la robótica, la inteligencia artificial, la imagenología avanzada, la terapia génica y la neuromodulación en el tratamiento de diversas patologías neurológicas.
La robótica ha revolucionado numerosos campos de la medicina, y la neurocirugía no es una excepción. Para 2025, esperamos una adopción aún más generalizada de sistemas robóticos avanzados que ofrezcan una precisión y destreza sin precedentes durante las intervenciones quirúrgicas.
Caso de Estudio: Un estudio publicado en el Journal of Neurosurgery demostró que la resección robótica de tumores cerebrales resultó en una mayor resección tumoral completa y una menor tasa de complicaciones en comparación con la cirugía tradicional a cielo abierto. Los pacientes sometidos a cirugía robótica también experimentaron una recuperación más rápida y una estancia hospitalaria más corta.
La inteligencia artificial (IA) está transformando la neurocirugía al proporcionar herramientas poderosas para el diagnóstico, la planificación quirúrgica y el seguimiento postoperatorio. En 2025, la IA será una parte integral del flujo de trabajo neuroquirúrgico, ayudando a los cirujanos a tomar decisiones más informadas y a mejorar los resultados de los pacientes.
Estadísticas: Un estudio publicado en The Lancet Digital Health demostró que el uso de IA para el diagnóstico de tumores cerebrales mejoró la precisión diagnóstica en un 1
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que afecta a millones de personas en todo el mundo. Se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas en el cerebro, lo que provoca temblores, rigidez muscular, lentitud de movimientos y problemas de equilibrio y coordinación. Aunque actualmente no existe una cura, la investigación avanza a pasos agigantados, y la Inteligencia Artificial (IA) está desempeñando un papel crucial en este progreso.
Este artículo explora cómo la IA está revolucionando el tratamiento de la enfermedad de Parkinson, incluyendo:
A continuación, se detallan los avances en cada una de estas áreas:
Diagnosticar la enfermedad de Parkinson en sus etapas iniciales es fundamental para un manejo efectivo. La IA está demostrando ser una herramienta prometedora para la detección temprana [4]. A través del análisis de diversos datos, la IA puede identificar indicadores tempranos de la enfermedad, incluso antes de que los síntomas sean evidentes. Algunos de los métodos más prometedores incluyen:
Además de estos métodos, la IA también puede considerar otros síntomas tempranos del Parkinson, como cambios en la postura, pérdida de movimientos automáticos y cambios en la escritura [1].
Es importante destacar que las personas diagnosticadas con Parkinson de inicio temprano, antes de los 50 años, enfrentan desafíos únicos [6]. La IA puede ayudar a identificar a estos individuos y proporcionarles un apoyo personalizado.
La IA está acelerando el descubrimiento y desarrollo de nuevos fármacos y terapias para la enfermedad de Parkinson [2]. Algunos ejemplos incluyen:
Además de estos avances, la IA también está impulsando la investigación en otras áreas prometedoras, como injertos de células productoras de dopamina, conversión de células cerebrales existentes y el desarrollo de nuevas moléculas como “Pegasus” o DAD 9 [8].
La IA está mejorando la precisión y la eficacia de las cirugías para el Parkinson, como la estimulación cerebral profunda (DBS) [9]. Algunos ejemplos incluyen:
Estos avances en la cirugía para el Parkinson impulsados por la IA están mejorando los resultados de los pacientes y reduciendo el riesgo de complicaciones.
Cada persona con Parkinson experimenta la enfermedad de forma diferente. La IA está impulsando la medicina personalizada en el Parkinson, permitiendo el desarrollo de terapias que se adaptan a las necesidades individuales de cada paciente [7]. Algunos ejemplos incluyen:
La IA tiene el potencial de revolucionar la medicina personalizada en el Parkinson, ofreciendo tratamientos más efectivos y mejorando la calidad de vida de los pacientes.
Si bien la IA ofrece grandes promesas para el tratamiento del Parkinson, es importante considerar las implicaciones éticas de su uso [10]. Algunos de los desafíos éticos incluyen:
Es crucial abordar estos desafíos éticos para garantizar que la IA se utilice de manera responsable y beneficiosa en el tratamiento del Parkinson.
La Inteligencia Artificial está revolucionando el tratamiento de la enfermedad de Parkinson en múltiples frentes. La IA está impulsando un cambio de paradigma en el tratamiento del Parkinson, con un enfoque más personalizado y proactivo. Si bien aún queda mucho por investigar, los avances actuales ofrecen nuevas esperanzas para las personas con Parkinson y sus familias.
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Mantener la salud a medida que vamos envejeciendo es algo fundamental. Por supuesto, el bienestar no debe ser únicamente físico, pues es vital que la mente se mantenga también sana.
La memoria es una parte muy importante del envejecimiento, pues atesora todas las vivencias y la experiencia obtenida a lo largo de los años. Sin embargo, puede verse afectada por el envejecimiento, lo que suele conllevar también un gran golpe para la autoestima de los mayores. Por eso, los expertos inciden en la importancia de cuidarla y ejercitarla de la misma forma que se hace con el cuerpo.
Entre los profesionales que ponen en valor los ejercicios para conservar la memoria y cerebro sanos está el neurocirujano Richard Restak. En un artículo para la cadena CNBC ha incidido en la necesidad de ejercitar diariamente el cerebro para que se mantenga en buenas condiciones y favorezca la calidad de vida de los mayores.
El mensaje que difunde es claro y contundente: descuidar la salud cerebral puede aumentar el riesgo de sufrir enfermedades degenerativas, como la demencia o el alzhéimer. Para evitarlo, ha señalado siete claves que, de añadirse a la rutina diaria, serán como una sesión de gimnasia cerebral. Él, a sus 81 años, asegura que las sigue.
Ver series, películas o consumir cualquier tipo de ficción es un gran estímulo para la memoria. Las historias son largas y debes recordar el principio para entender el final, vas conociendo personajes a medida que avanza la trama y muchos detalles acaban teniendo una importancia protagonista en la resolución de los argumentos.
Todo esto hace que el cerebro tenga que trabajar mientras disfrutas. Además, ahora que la ficción audiovisual se ha colado en todos los hogares y es fácilmente accesible a través de las plataformas de streaming.
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Los museos son escenarios fantásticos para poner a prueba la memoria. El neurocirujano propone este juego: “Empieza estudiando atentamente los detalles del cuadro hasta que puedas verlos con los ojos de tu mente. A continuación, descríbelo mientras apartas la mirada de él”. La idea es comprobar si has conseguido recordar detalles como los colores, ese objeto que asoma parcialmente tras uno más grande, si esa flor estaba más a la derecha o a la izquierda… Hacerlo con varios cuadros ayudará a potenciar tu memoria.
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Uno de los momentos favoritos de mucha gente: la siesta. Este momento de descanso después de comer tiene un papel clave en el recuerdo de la información codificada previamente. Sin embargo, la duración importa y mucho. El experto señala que se ha demostrado que lo óptimo para la memoria es que dure entre 30 y 90 minutos. Por eso, él asegura haber acostumbrado a su cuerpo a dormir una media hora.
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La alimentación es otro gran pilar de la salud física y cerebral. Hay numerosos alimentos que contribuyen al mantenimiento de la memoria. Entre los ejemplos que cita están lo que la doctora Uma Naidoo, psiquiatra nutricional de la Facultad de Medicina de Harvard, llama “alimentos para el cerebro”, Brain Foods en inglés. Se trata de un grupo de alimentos que forman ese acrónimo e incluye: bayas, frutas, verduras, frutos secos, fibra, antioxidantes, alimentos ricos en omega, aceites, especias…
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Otra propuesta que hace el neurocirujano es, en fiestas o reuniones, jugar a “las 20 preguntas”. El juego consiste en que una persona debe adivinar qué película, objeto, personaje o lugar le han asignado los demás participantes a través de 20 cuestiones. Así, deberá poner a prueba su memoria para retener toda la información que va recabando.
Una mente sana requiere un cuerpo sano. El experto anima a caminar, hacer ejercicio moderado o subir escaleras. Además, las tareas domésticas también ayudan a potenciar la memoria.
Este es el truco que él utiliza para recordar las cosas más complicadas. Transforma los conceptos o ideas en imágenes extrañas y llamativas que llamen la atención. El ejemplo que propone es la raza del perro de su mujer, que él recuerda gracias a esta técnica.
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La neurocirugía es una especialidad médica en constante evolución y se espera que continúe avanzando en varias áreas en el futuro. Algunas de las tendencias que se prevén en la neurocirugía son:
La neurocirugía es un campo en constante evolución y hay varias técnicas novedosas que se están utilizando actualmente. Algunas de estas técnicas son:
Estas son solo algunas de las técnicas novedosas que se están utilizando en la neurocirugía. Es importante recordar que cada técnica tiene sus propias ventajas y desventajas y que el tratamiento adecuado dependerá de la afección específica y las necesidades individuales del paciente.
Por ejemplo, la genética ha sido particularmente útil en el tratamiento de tumores cerebrales. Algunos tumores cerebrales se deben a mutaciones genéticas específicas, y los neurocirujanos pueden utilizar esta información para determinar el mejor curso de tratamiento. Además, la identificación de mutaciones genéticas también puede ayudar a predecir la probabilidad de que el tumor reaparezca después del tratamiento, lo que puede ser útil en la toma de decisiones clínicas.
Otra área en la que la genética ha sido útil en la neurocirugía es en el diagnóstico de enfermedades neurodegenerativas. Algunas enfermedades, como la enfermedad de Huntington y la enfermedad de Alzheimer, tienen una base genética bien establecida. Los neurocirujanos pueden utilizar esta información para realizar pruebas genéticas en pacientes que sospechan que tienen una enfermedad neurodegenerativa y desarrollar un plan de tratamiento personalizado.
En resumen, la genética se ha convertido en una herramienta importante en la neurocirugía moderna. Al utilizar la información genética de los pacientes, los neurocirujanos pueden desarrollar tratamientos más precisos y personalizados para una amplia variedad de trastornos neurológicos.
La biología molecular es otro campo que ha sido objeto de interés en la neurocirugía. La biología molecular se centra en el estudio de la estructura y función de las moléculas biológicas, como el ADN, el ARN y las proteínas, y cómo estas moléculas interactúan entre sí para llevar a cabo las funciones celulares y del cuerpo en general.
En la neurocirugía, la biología molecular se utiliza para comprender mejor los mecanismos subyacentes de una variedad de trastornos neurológicos, como tumores cerebrales, enfermedades neurodegenerativas y trastornos del movimiento. Al comprender mejor los mecanismos moleculares de estas afecciones, los neurocirujanos pueden desarrollar tratamientos más efectivos y personalizados para los pacientes.
Por ejemplo, la biología molecular se ha utilizado para desarrollar terapias dirigidas específicamente a las mutaciones genéticas que causan tumores cerebrales. Estas terapias pueden inhibir la actividad de las proteínas anormales producidas por las mutaciones, lo que puede detener el crecimiento del tumor.
Otro ejemplo es la utilización de la biología molecular para el desarrollo de terapias génicas. La terapia génica implica la entrega de genes terapéuticos a las células del cerebro, lo que puede ayudar a tratar trastornos neurológicos causados por mutaciones genéticas. La biología molecular ha sido fundamental en la identificación de los genes específicos que deben ser entregados a las células del cerebro y en el desarrollo de los vectores de entrega de genes adecuados.
En resumen, la biología molecular es un campo que ha sido de gran interés en la neurocirugía, y su uso ha permitido un mejor entendimiento de los mecanismos subyacentes de una variedad de trastornos neurológicos. Al comprender mejor estos mecanismos, los neurocirujanos pueden desarrollar tratamientos más efectivos y personalizados para sus pacientes.
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